domingo, 13 de julio de 2008

XXVI





El avión se fue.
Mis pies se quedaron en la tierra.
Mi espíritu voló al lado contrario.
Estuve mirando al cielo,
hasta que vi un avión pequeño,
a lo lejos.

No sé si era mi avión,
el que debí tomar.

Quizás mi hogar,
donde ése avión me llevaría,
sería otro hogar,
otro destino,
otro lugar
que el lugar del mismo nombre
a donde me llevará el próximo avión.

Las ciudades y los hogares
(igual que los hombres)
caducan minuto a minuto.

3 comentarios:

Dulce Alejandrina dijo...

si yo pudiera decirte lo lejos que stoy y lo cerca uqe me encuentro de lo que en algun momento pude haber llamado mi hogar, no seria lo que soy.
si te dijera que tdo lo que he hecho lo he dejado de hacer por algo mas que una palabra y una lagrima te estaria mintiendo... y en el ocaso no puedo mentirte ni decirte nada mas nada, mas que te extraño, el hogar que formamos con los latidos de varios corazon se unen a la distancia para formar en cada uno ese hogar que siempre esta ahi en le resprar ajeno y en el latir propio en algun lugar nos encontraremos sin necesidad de habernos separado
te quiero

Emiliano Álvarez dijo...

Eres un chingón, hermano... Hace tiempo que no entraba a tu blog, porque tenías tiempo sin publicar. Pero entro hoy y me encuentro tantos poemas tan increíbles. Siento que has crecido muchismo como poeta... Y como a todos se ve que viajar te ensanchó la piel y las pupilas.

Enhorabuena!! Te admiro mucho. Se te extraña.

Emiliano Álvarez dijo...

Exijo nuevas entradas!!!!

O por lo menos mándame los textos que me habías dicho ja.

Un abrazo. ¿Cómo va todo?